viernes, 1 de marzo de 2013

01/03/2013 Tabula rasa y su viceversa en "Primera muerte de María" de J. E. Eielson


cuyo aliento cálido me recordaba el cuerpo tibio
Ana María Intili
y la impenetrable pureza de María.

Poesía escrita, Jorge Eduardo Eielson.


Estoy viviendo la piel oculta
del ser que yace en mí.

Poema Silencio, A.M.Intili



El destino escritural, la pericia y la inocencia vestida/ desvestida, serán punto de quiebre en la obra de Jorge Eduardo Eielson (Lima 1924, Milán 2006), artista de múltiples facetas, migrado a Europa en 1950 para no retornar sino como un relámpago; a través de su legado artístico por la pantalla, como ocurrió en la última visita virtual al Perú, por medio de una teleconferencia que pudimos contemplar en los recintos de Telefónica.
Advertimos una constante en la mencionada obra que deseo resaltar. María, el personaje cuida su cuerpo o lo abandona, lo viste o lo desviste está plagado de nudos o desnudos. Éste es el carril por donde transcurre Eielson. Su trabajo, que comienza desde muy joven, por el que recibirá el Premio Nacional de Poesía, travesía compartida por el prematuramente desaparecido Javier Heraud (Lima 1942, Puerto Maldonado 1963), quien recibirá el Primer Premio en Poesía en los Juegos Florales de la Universidad de San Marcos.
En Primera muerte de María, el título de una de sus dos novelas, según algunos críticos, nos advierte que si es la primera, existirá una segunda muerte que el lector deberá develar. María, personaje  principal, narrada en tercera persona, nacida en la pobreza, se desnuda en el escenario, arroja su ropa que irá “puliendo”, en un intento de desvirtuar su pobreza, y exhibir un cuerpo fino, eróticamente perfumado, simulando desdén, arrojo y entrega de ese cuerpo inocente, virginal impenetrable pureza.
Tal vez la constante está en la búsqueda permanente de cambio, donde un cordón que avanza en línea recta se curva sobre sí mismo, se convierte en lazo y luego en nudo, que  se vuelve sobre sí. Cada noche María relata una historia, ella no es consciente de ello; el mecanismo es inconsciente, primer descubrimiento de Freud, el segundo, es la llamada compulsión a la repetición, es decir es un acto que el yo repetirá, sin advertir el cómo ni el porqué.
La historia de su vida está en el orden de lo inexacto que no cesa de repetir en la presencia escénica. María no puede con su vida, con su propia historia de entrega a Roberto, allí todo puede suceder: María-niña, María-mujer, María-madre. Qué rol juega. Es indudable que esgrime el primero como vehículo para transformarla en el segundo y arriesga el tercero. Es decir lleva tres identidades posibles, como también tres nombres tangibles, María, María Magdalena Pacheco, Lady Ciclotrón. Podemos suponer por ejemplo, si usamos el eje temporal, que en la mañana María será una mujer de pueblo; en la tarde preparación para el ritual María Magdalena; en la noche Lady Ciclotrón, el ciclón, sexo y voracidad que arrasa los sentidos. A modo de transformación/ oruga/ mariposa, en un traslado de escenarios, fino cambio de piel y ropaje. Entrega, entrega total, estallido de los sentidos, manjar, exquisito, provocativo, texturante al que no se le puede negar la mirada como espejo del otro, el que le otorga cada noche, a modo de partida de nacimiento, que no viene de su vientre, sino de toda su piel y sus estructuras. Freud anuncia el yo es esencialmente corporal. El yo-cuerpo-María expuesto a la mirada del otro, del espejo como mirada que tanto fascinó a Borges, provocación repetitiva, que ostenta cada noche.
Para el autor la mirada, el cuerpo, el ropaje, la integra y la desintegra. Su relato es múltiple y lo ofrece una y otra vez. El capítulo “Los guantes” lo anuncia,  cubren y protegen, es uno de los elementos de que se vale María para “con gesto magnífico  lanzó sus guantes al público [...] quitándoselos lentamente, [sus] manos [estuvieran] desnudas” (p. 13). Retornamos al leitmotiv nudos/ desnudos. El narrador continúa el relato, en el que anuncia su origen humilde-vergonzante-basural. Es lo que María quiere esconder cuando se desnuda, su ropaje, incluido en la historia que no contará. La otra parte ha de decirlo su cuerpo, contorneándose bajo la luz, tenue, rítmica, magistral, la voz de Frank Sinatra, el mayor cantante de todos los tiempos, para ciertos oídos, fuera de toda órbita posible. Es La Voz que ella conoció en la infancia, incomprensible bajo toda luz como son ahora los quipus. Entendemos su orden, sabemos su enorme importancia, pero desconocemos gran parte de su significado. Bajo el vestido violeta, la protagonista insinuará, para luego mostrar aquello que oculta pero ofrece, no en toda la historia, sino el fragmento donde se transforma de niña a mujer. Tabula rasa y su viceversa.
Ana María Intili

A ma fille Adèle




Tout enfant, tu dormais près de moi, rose et fraîche,
Comme un petit Jésus assoupi dans sa crèche ;
Ton pur sommeil était si calme et si charmant
Que tu n'entendais pas l'oiseau chanter dans l'ombre ;
Moi, pensif, j'aspirais toute la douceur sombre
Du mystérieux firmament.

Et j'écoutais voler sur ta tête les anges ;
Et je te regardais dormir ; et sur tes langes
J'effeuillais des jasmins et des oeillets sans bruit ;
Et je priais, veillant sur tes paupières closes ;
Et mes yeux se mouillaient de pleurs, songeant aux choses
Qui nous attendent dans la nuit.

Un jour mon tour viendra de dormir ; et ma couche,
Faite d'ombre, sera si morne et si farouche
Que je n'entendrai pas non plus chanter l'oiseau ;
Et la nuit sera noire ; alors, ô ma colombe,
Larmes, prière et fleurs, tu rendras à ma tombe
Ce que j'ai fait pour ton berceau.

Victor Marie Hugo


            

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