viernes, 1 de marzo de 2013

23/08/2011 Inteligencia: necesidad y abuso

Inteligencia: necesidad y abuso
Por Carlos Jesús Vera
Scamarone


¿Para qué somos inteligentes?
A medida que evolucionaron los homínidos, la capacidad cerebral aumentó exponencialmente, llevando a una mayor plastía en conexiones neuronales y circuitos ,que ayudaran en la memoria y en la resolución de problemas. Cada aumento sirvió para que el homínido se adaptara a su ambiente, hasta que llegamos al Homo Sapiens, que logró el aparente máximo desarrollo de la inteligencia. Sin embargo, nos preguntamos ¿ahora, qué más? ¿Será que el ser humano ha glorificado su inteligencia en desmedro de su propia brecha evolutiva?

Cuando empecé a escribir este libro, me planteé varias interrogantes pero no puedo dejar de mencionar ciertas certezas posteriores. El ser humano está en un aumento exponencial del conocimiento, lo cual es bueno, pero cada vez más se aleja del verdadero propósito de la inteligencia: el adaptarse al sistema. Es así que se crean más situaciones donde poner en práctica lo aprendido pero, al final, se trata de situaciones que no son naturales. Con esto voy al hecho de que la naturaleza no nos ha puesto a prueba nuevamente sino que, al contrario, la estamos poniendo a prueba, como el que quiere domar un león; no sabemos en qué momento seguirá su propia teoría del caos.

El Caos y la inteligencia
Según varios filósofos, el universo y la materia siguen un orden cíclico, que aparenta un desorden caótico. Ese aparente desorden cósmico se ciñe hasta lo más profundo de nuestras moléculas y átomos y es el principio de la energía y nuestra más profunda motivación. El humano, con su inteligencia, se separa de las demás especies para marcar una brecha evolutiva aparentemente.

Pero esa es la ilusión: creemos que los límites existen y que somos diferentes a los dinosaurios, por ejemplo. Sin embargo, procreamos medicinas que restablezcan la salud hasta que haya cura para enfermedades incurables. Tarde o temprano, la naturaleza se abre camino y, al final, podría suceder que tengamos seres con unidades de genoma tan defectuosos que sean estériles o que lleguemos a una selección natural forzada.


Es probable que cada millón de años la especie homínida, de la cual aun no nos hemos separado, se vea mermada de manera significativa, generando una generación de supervivientes que posean las características más adecuadas para la evolución. Ni los bocetos más futuristas nos pueden acercar al próximo ser humano sobre la tierra. Tengamos que somos un conjunto de 10 millones de años de evolución. Los tiburones tienen 200 millones y siguen aun prosperando. Los dinosaurios tuvieron 150 millones y se extinguieron, las aves tienen 65 millones, los mamíferos tienen 200 millones. ¿Por qué el humano deberá prevalecer? ¿La inteligencia lo salvará o será su propia caja de pandora? ¿Acaso la inteligencia nos hará inútiles reproductivamente hasta que nos extingamos?

Hasta donde veo, es lo más probable.

Las Mutaciones y La inteligenciaTodo iba bien hace 80000 años. La especie homínida iba en progreso. Erectus y Neandertal dominaban la escena, la cual era compartida con otras especies: Sapiens y su antecesor. El ser humano cumplía su rol sobre la tierra y empezó el exterminio evolutivo que marcó la supremacía Sapiens. El ser humano se servía de la naturaleza y estaba a merced de ella. Pero hace 80000 años ocurrió un cambio en la cultura; súbitamente explotó una diversidad cultural que sólo se explica con un nuevo proceso de generación neuronal masiva. Tal vez una mutación llevó a que el humano tenga esta inteligencia. El asunto es hasta cuándo será dicha adaptación. ¿Desapareceremos con ella?


La sexualidad y la inteligenciaMe pregunto si la inteligencia es una ventaja evolutiva o una dificultad o estorbo. Apoyo la animalidad humana y observo en muchas conductas ciertas similitudes que nos acercan a las especies llamadas inferiores. Hoy caminaba por un centro comercial, cuando observé a una dama que portaba un peinado llamativo, que se movía a la par de sus pasos. Lo que me llamó la atención fue el tamaño menor de sus caderas. Era como si evolutivamente hubiera compensado una desventaja con una treta que le permitiera atraer a los machos de la especie. La fisonomía influye, pues los machos corpulentos y jóvenes tienen más posibilidades de reproducirse con las hembras. Las hembras de todas las especies portan atributos que anuncian a los machos que están disponibles.

En la especie humana, el olor ha sido relegado a un plano despreciable, pero tiene gran connotación en nuestras relaciones sociales al igual que en otras sociedades.

Examinemos a cada uno de los congéneres del sexo opuesto y observemos. A veces, las más inteligentes no son las que logran las relaciones más estables. No necesariamente la inteligencia da una sapiencia social o sexual, a veces parece ir en desmedro de ello. Las hembras más atractivas son las que tienen caderas anchas y mamas proporcionales. Todo lo que indique que el desarrollo pélvico es adecuado para la concepción, parto y crianza de los hijos. Las hembras que no cuenten con dichos atributos pueden valerse de otros medios para ser fecundadas por los machos: el adorno u orlas, todo aquello que resalte el atractivo femenino podrá ayudar a que se logre el objetivo de la especie. Sin embargo, hay aquellas que optan por el intelecto. Dentro de mis experiencias en mi especialidad médica he visto muchos casos de mujeres con gran capacidad intelectual pero con vidas destruidas y hogares en decadencia. Recuerdo el caso de una señora de 35 años, que había contraído nupcias con un varón disocial, que sólo había ocasionado maltratos psicológicos a la susodicha señora. Hace 2 meses que habían tenido un hijo. Ella actualmente planteaba el divorcio pues eran incompatibles. Le pregunté por qué se casaron y ella me dijo que el tiempo se acababa para poder salir gestando. Prácticamente el varón cumplió con su función y ella salió ganando. Es madre y ahora que el varón cumplió debe ser despedido. La autosuficiencia genera mucho caos en la vida de pareja y, a veces, genera una pugna por el poder que llega a romper la unión.

El mimetismo humano es notorio. A veces, las damas usan unas colas o peinados que caen hasta la cintura, aumentando la posibilidad de ilusión óptica, y así se noten las caderas más pronunciadas.

El varón emplea similares mimetismos. Uno de ellos es usar la exposición del vello pectoral para aparentar virilidad o aumento del tamaño de la caja torácica. Además, las hembras prefieren machos con atributos que aseguren una fecundación exitosa y una crianza buena para los hijos. Un varón delgado o con comportamientos femeninos lleva a que no se le tome en cuenta para los fines reproductivos de la especie. Los machos o varones hacen gala de comportamientos agresivos para atraer a las hembras y ellas los prefieren aguerridos pero no violentos.
El engaño está hecho.
La inteligencia ha acompañado a cada uno de los cerebros del reino animal, desde los artrópodos hasta los mamíferos. Cada uno tiene un nivel de inteligencia que le permite adaptarse al medio y mejorar sus expectativas de vida. Desde las minúsculas moscas, con una vida corta, hasta los más longevos reptiles, cada uno posee lo necesario para poder adaptarse al sistema. En los mamíferos, el nivel de inteligencia es tan variable como fenotipos existen. Pero, a mayor sutileza y docilidad del animal se requiere mayor inteligencia para poder esquivar los defectos o las carencias. El ser humano no posee tantas adaptaciones físicas y es considerado frágil comparativamente a otros mamíferos. Los cambios climáticos pueden matarlo, la piel no posee coraza, su esqueleto es frágil y endeble, las manos no tienen garras y las uñas tardan mucho para crecer. El cabello no cubre lo necesario. Es entonces que acude al auxilio una adaptación evolutiva: la inteligencia humana, que es diferente a las de otros mamíferos.

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