viernes, 1 de marzo de 2013

6/06/2011 Violencia en pareja

Dr. Fernando Maestre
Psiquiatra Psicoanalista
Congreso de FLAPPSIP, mayo de 2011

De las múltiples formas en que una mujer puede ser abusada hay una en especial que por su frecuencia merece ser estudiada. Nos estamos refiriendo a la violencia del varón y al sometimiento de ella.
Un primer análisis da cuenta de que muchas mujeres, no bien detectan signos de agresión en su pareja o su pretendiente, inmediatamente lo rechazan, poniendo punto final al vinculo; pero, hay otros casos donde, por más que se hagan evidentes las tendencias sádicas del pretendiente, lo niegan y siguen manteniendo la relación.
También, al reflexionar sobre los vínculos, es observable un intercambio de mensajes inconscientes entre ambos y, una vez que se han empezado a conocer y luego de un inicio  amoroso, se va produciendo un manejo violento por parte del varón, que reduce progresivamente la capacidad de defensa de la mujer. Primero son bromas ofensivas; luego, insultos, para pasar a continuación a empujones; y, desde ahí, a las más diversas humillaciones, que convencen a la víctima de que “no vale la pena protestar, defenderse o interrumpir el vinculo”.
Así, llegamos a dos preguntas centrales:
a) ¿Por qué cuando el hombre forma pareja se siente con la licencia de ponerse más violento? 
b)  ¿Por qué la mujer, al estar en vínculo de pareja, lo permite?
Siguiendo esa línea: ¿Qué de especial puede tener la mujer que logra reaccionar bien y rechazar rotundamente los inicios violentos contra ella? ¿Dependerá esta virtud del tipo de familia de donde ella procede, disfuncional, separados, madre abandonada, mono parental, etc.? ¿O se tratará del efecto de creencias míticas de quienes creen en el intenso amor o inmadurez de su personalidad, que sigue confiando en que el amor lo puede todo? La hipótesis más utilizada es creer que ella ha copiado el sufrimiento masoquista que padeció su madre frente a su compañero y que ahora repite la conducta de dolor y sometimiento tan igual como lo hizo la madre. Otra hipótesis conocida es la que propone que la mujer siempre ha estado dominada por el varón hasta adquirir niveles de violencia semejantes a los que existieron en el hogar donde, desde la niñez, ella fue criada para servir al hombre.
Estas teorías no pueden ser generalizadas pues la clínica no siempre puede constatar su vigencia en todos los casos observados. Hay hogares donde el equilibrio edípico fue constante y, pese a ello, no bien una de las hijas se casa, al poco tiempo pueden llegar noticias de que el marido la maltrata físicamente, hecho sorpresivo sabiendo el carácter que ella tenía.
Ya Freud, el descubridor de la sexualidad infantil, del inconsciente y del sentido de los sueños, también, descubrió, en 1916, que la pulsión original, prioritaria y primera que mueve al ser humano no es ni la libido ni el amor, sino la violencia y el rechazo (Pulsiones y destino de pulsión); y, es sólo por el proceso de la cultura por el cual podemos lograr dominarla e integrarla a nuestra conducta habitual.
Esta primitiva violencia es observable en distintas parejas, las cuales alternan momentos de cólera violenta e ira con estados pasionales, lo cual es observable en casi todas las parejas que en un momento se amaban y, pese a ello, ambos presentaban, estos cuadros de ira, de corta duración, que eran seguidos, por lo general, por una reconciliación.

RAICES DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER
De lo que hoy tenemos seguridad es de que, siglos atrás, los orígenes de la violencia contra la mujer estaban ligados al hecho que muestra cómo la mujer proviene de una familia patriarcal, que logra abolir los derechos de la mujer, iniciándose, así, la gran derrota del sexo femenino.
De esta manera, se convirtió a la mujer en un objeto propiedad del hombre, el patriarca. A él le pertenecían los bienes materiales de la familia y sus miembros. Igualmente, la mujer, por lo general, pasaba de las manos del padre a las manos del esposo, teniendo ambos plena autoridad sobre ella, pudiendo decidir, incluso, sobre su vida. La mujer estaba excluida de la sociedad, formaba parte del patrimonio de la familia, relegada a la función reproductora y a las labores domésticas.
Este modelo de familia patriarcal con el tiempo sufrió numerosas modificaciones. El derecho sobre la vida de la mujer fue abolido. Sin embargo, para ellas se seguía reservando la pena de muerte en determinados supuestos, pero ya no era el marido el que decidía sino la comunidad la que se encargaba de juzgarla.
Sólo con el paso de los años la mujer llegó a conseguir una cierta emancipación: podía divorciarse en igualdad de condiciones que el hombre, dejó de mostrarse como la mujer abnegada, sacrificada y sumisa y en la relación de esposos se vio matizada la autoridad del marido.

CONSIDERACIONES ACTUALES
Fueron las organizaciones feministas, en la segunda mitad del siglo XX, las que dieron visibilidad plena al problema de la violencia contra la mujer en el hogar, evidenciándose la ausencia de estadísticas sobre la incidencia de la violencia contra la mujer en el seno de la familia, pues se consideraba esta violencia doméstica como un problema particular y no como un hecho social.
América Latina y el Caribe han sido unas de las regiones del mundo que mayor atención han prestado a la lucha contra la violencia hacia la mujer, pues en aquellos tiempos costó trabajo hacerle ver al mundo que las agresiones hacia las mujeres no eran producto de momentos de frustración, tensión o arrebatos -contingencias de la vida en común- sino que eran consecuencia de los intentos de mantener la subordinación de la mujer, para seguir manteniéndola como un objeto de propiedad del hombre, pues ellos se merecían una consideración especial.

VIOLENCIA CONTRA LA MUJER EN LA FAMILIA Y EN LA PAREJA
Es en la familia donde se ejerce principalmente la violencia contra la mujer. El abuso empieza en la infancia y continúa con los noviazgos y, así, a lo largo de toda la vida de la mujer. Es en la infancia donde la niña es especialmente vulnerable pues sufre principalmente un añadido únicamente por su condición femenina.
A la ablación, generalizada en determinadas comunidades, se le une el comercio sexual, que puede arrancarla de su familia, para ser vendida. A esto se agrega una abusiva autoridad paterna, ejercida, también, por los hermanos, a la que se añade una educación discriminada, que limita su futuro. Teniendo esta historia como base, es cómo, ahora, podemos plantear un ensayo que intenta explicar por qué las parejas transitan por la violencia compartida: uno actuando de verdugo y la otra de víctima.

TEORIA
Al centrarnos en la problemática surgida en el seno de las parejas, ya sean casadas o no, habremos de encontrar diversas hipótesis que intentan explicar por qué el varón, con una facilidad “admirable”, agrede y humilla a su compañera, incluso a quién, pocos años atrás, le hablaba de amor.
El cambio de conducta de los varones hacia las mujeres, no bien se unen o ingresan a una convivencia, suele tener como hipótesis predilectas el machismo o alcoholismo para explicar dichos excesos. También, se piensa que el hombre desprecia a la mujer sometida y de poca cultura, pero estas hipótesis no terminan de describir la razón profunda del maltrato o del sometimiento al mismo.

SOSTENERSE VIVA POR LA VIA DE LA EXCITACIÓN QUE CAUSA EL SUFRIMIENTO.  
Una reflexión metapsicológica nos lleva a ver que el ser humano, para mantenerse vivo, requiere que su aparato psíquico mantenga un adecuado nivel de energía psíquica, que es lo que lo mantiene activo. Esta carga no sólo proviene de los aspectos sexuales o de los estímulos de la libido. También, encontramos un efecto semejante en cargas energéticas que pueden proceder del campo del miedo, del sufrimiento, de la angustia y del dolor. La existencia de este tipo de estímulos la encontramos en las múltiples actividades del ser humano, a las que se dedica apasionadamente y de modo voluntario, logrando, frente al peligro y al riesgo,  tener un particular goce y disfrute.
Entre estas actividades, encontramos deportes de aventuras como el “puenting”, canotaje, parapente o dedicarse a ser escaladores de cordilleras.  Sabiendo que su vida habrá de pasar por múltiples peligros y estados emocionales intensos, aun así, insisten en exponerse, sin conocer plenamente su adicción a la “adrenalina” y sus efectos excitantes. La convivencia con un hombre que maltrata a la mujer y la incapacidad de ella de poder desprenderse de su verdugo, sería otro ejemplo más de la existencia de esta adicción a la energía que produce sufrimiento, fruto del vínculo. Nos quedaría la tarea de entender por qué unas personas sí necesitan este tipo de excitación y otras no.
El análisis de mujeres maltratadas deja entender que esta experiencia de dolor, deviene en el signo más importante de sus vidas, al convertirse este padecer en la afirmación de que están vivas. También, en su fantasía, sueñan con un cambio en la pareja violenta y por ello pueden enfrentar su sufrimiento con una febril actividad, dinamizando de este modo, energéticamente, todo el aparato psíquico.
Pero, ante la imposibilidad de simbolizar este dolor y que, así, logre adquirir finalmente un avance en la pareja y un sentido ético en la manera de vivir su vínculo, la persona constata que esta cadena de sufrimiento, la podrá seguir manteniendo viva. Así, mientras dure el sufrimiento, estará rescatada de la muerte.
Estos desórdenes pulsionales tienen su origen en la temprana infancia, pese a que muchas veces las experiencias de dolor quedan fuera de su recuerdo de modo total o fragmentado. En estos casos, que son válidos tanto para niños como para niñas, en efecto, se descubre que fueron despreciados en distintas ocasiones de su niñez por padres inmaduros e inestables, que los llevan a estructurar en su ser, las siguientes ecuaciones mentales que son propias de un niño que aún no ha adquirido posibilidades simbolizantes del lenguaje de un modo completo:

“Si no fui amado equivale a que desearon mi muerte”
“Si desearon mi muerte equivale a que debo morir”
“Si debo morir, me debo matar”
La fantasía de un niño atrapado en medio de estas ecuaciones fluctuará entre las fantasías inconscientes de vivir o morir, siendo ambas posibilidades poco viables de concretarse plenamente, puesto que si vive no tiene espacio en el mundo para desarrollar experiencias de felicidad, pues el hecho de tener la certeza de no haber sido amado eliminó de su cadena de recuerdos la posibilidad de pensar que podría llegar al disfrute que le pueda ofrecer la vida o el matrimonio.

Por otro lado, si muere, presiente que no habrá retorno y pese a todo aún tiene suficiente libido como para desear seguir vivo, pero en un mundo donde no fue amado ni deseado y donde no tiene espacio para volver ni posibilidades para ingresar en la cadena de experiencias de placer, y por tanto incapacitado de tener acceso a la felicidad.

Frente a esto sólo le queda la alternativa de seguir viviendo pero sufriendo, o vivir para destruir los momentos de felicidad que le otorga la vida. Así, logra evitar la muerte y logra permanecer en el mundo de la vida pero en un sistema ambivalente y diferente al esperado. Habrá de seguir viva pero sufriendo o destruyendo toda felicidad a su alcance, puesto que la excitación que el sufrir genera aporta la suficiente carga energética para mantener el aparato psíquico en actividad a la vez que confirma fehacientemente que sigue vivo.
Esto significará que -cuando el sufrimiento proviene de las pulsiones de muerte implantadas por la violencia paterna o materna, dirigida a convencer al niño que no es deseado- una amalgama imperfecta, de dolor y libido, lo habrá salvado de una muerte psíquica y, a veces, física seguras; pero, a su vez, le impedirá disfrutar de la vida perpetuándose la cadena de sufrimientos. En este caso, el aceptar el abuso y violencia causados por la pareja estará trabajando al servicio de salvar la vida.

VIÑETA CLÍNICA
Naima, una joven de 23 años, formula una consulta porque ha tenido varios intentos de suicidio en la adolescencia. Pero su síntoma principal, según refiere la paciente, es que no puede dejar de tener encuentros sexuales perversos con distintas parejas, y muchos de ellos con personas que no conoce. Esta conducta se inició a los quince años y continúa hasta la actualidad. Así, la paciente informa que ha tenido en los últimos ocho meses un novio diecisiete años mayor que ella, que le ha propuesto matrimonio.

Este matrimonio, con el hombre a quien dice amar, significaría para ella la solución de sus problemas y el reordenamiento de su vida pero, inevitablemente, se siente impulsada a continuar engañándolo, contra su voluntad, cada vez que avizora una proximidad de matrimonio y felicidad para ella.
Enterado el novio, hace cinco meses, del engaño, asume una actitud cruel y sádica contra Naima. Ahora la golpea, la maltrata verbalmente, la insulta y ofende permanentemente por la conducta infiel que ella tuvo, pero sin dejar de permanecer a su lado. Por su parte, la paciente continúa con su novio a pesar del maltrato, afirmando que no puede vivir sin verlo.
La historia infantil de Naima está plena de acciones por parte de los padres, destinadas a poner fin a su vida. La madre intentó varios métodos abortivos. Al año de edad, la regaló a una pareja que no tenía hijos, pero la bebe fue devuelta a los tres meses porque no dejaba de llorar y no comía. A los tres años, el padre la dejó abandonada en un pueblo cercano pero la policía la regresó a su casa. Desde los cinco años hasta los quince, el padre no dejó de hacerle saber que era “una maldita”, que no la amaba, que deseaba que se fuera de casa y, en más de una ocasión, le afirmó que sería mejor que muriera.
La paciente reconoce que jamás fue feliz en la vida, que jamás pudo reír, que no tiene sentido del humor, y que cada vez que tiene posibilidad de vivir una felicidad la destruye inmediatamente, tal como sucede con sus estudios, con sus amigos, con su sexualidad y con sus posibilidades de construir un hogar. No tiene disfrute sexual, no se satisface con los alimentos ni con distracción alguna. En otras palabras, nada la hace feliz
Este caso ejemplifica lo que hemos propuesto, de la siguiente manera: En primer lugar, explica claramente cómo las tendencias filicidas de los padres, que se manifiesta en no desear que la hija viva, hacen que esta infante quede destinada a repetir aquello que fue ordenado e implantado dentro de su inconsciente, es decir, el deseo de los padres de que ella no exista. Es por eso que Naima organiza su vida para la muerte o para matarse, de ahí los intentos de suicidio. Pero esto no llega a suceder debido a que ella aún conservaba libido como para evitar un suicidio directo, que de haberse realizado no hubiera sido más que el triunfo del mandato destructor de los padres.
En tal circunstancia, y comprobando que no tiene memoria ni recuerdos de experiencias de felicidad a las que pueda retornar, Naima sólo encuentra un espacio en su existencia a través de una fórmula intermedia, la cual es no morir pero no disfrutar, por lo que ahora quedará adscrita a la cadena significante del sufrimiento que es una forma de seguir viva pero buscándose ella misma el sufrimiento. En este caso, el sufrimiento auto impuesto le está brindando el servicio de mantenerla viva.

No hay comentarios: