viernes, 1 de marzo de 2013

3/06/2011 La Sorprendente Niña y la Súper Araña


                
DR. CARLOS JESUS VERA SCAMARONE
Médico Psiquiatra



La Sorprendente Niña y la Súper Araña: La Formación del Pensamiento Fantástico

El pensamiento en los niños es rico en características y detalles. Al tener una simplicidad en sus relaciones básicas, están en búsqueda de modelos icónicos para llenar los espacios de personajes. Es así que los padres forman parte importante de las fantasías infantiles.

Así, se pasa de ser una madre nutritiva, a ser una bella hada madrina o ser la mamá osa del cuento. O, en caso de las perversiones, se pasa a ser la madre bruja castigadora, la medusa que paraliza a la hija en sus primeros años y la deja justo allí, infantil, a pesar de tener 60 años.

En los papás, se puede pasar de padre nutritivo al inmenso gigante, tierno y juguetón; al mago, que hace una serie de trucos para corregir la conducta; o, a un compañero de juegos. O, en caso de perversiones, al padre castigador, al viejo sátiro seductor o al ausente padre que, a pesar de vivir en casa, nunca está presente.

Entonces, es así que vamos estructurando el pensamiento que, durante la infancia , ha sido nominado como fantástico. En estas estructuras básicas se desarrollan historias que tienen una génesis primaria en los entretelones que acarrea la  supervivencia como especie, además de la configuración de una sociedad y su cultura. En estos recintos de ideas y algunos laberintos se esconden la idea abstracta y la concreta.

La dinámica entre ambas abstracciones (la imaginaria y la concreta real) es lo que llevó al homo sapiens a ser lo que es y alejarse de la animalidad. Podemos imaginarnos a un chamán antiguo, un sapiens o un cromagnon, que danza alrededor de una fogata, contando la historia de una cacería, que a la larga trajo bienestar al la tribu. Estos bosquejos antiquísimos están a nuestro alcance en las pinturas rupestres que adornan muchas cavernas y rocas en el mundo.

El ser humano -y también algunos animales- es capaz de abstraer y, para ello, requiere de su pensamiento fantástico, de la creación de héroes y villanos, de duendes y hadas, de monstruos y salvadores, que ayudan a protegerlo de la extinción. Además, este tipo de polarización ayuda a la creación de una conciencia social moral, a la separación de estados de bien y mal y a la aparición de las funciones mentales superiores.

Hoy, mi hija fue a buscarme a las 2 de la mañana, era madrugada. Se paró en medio del oscuro dormitorio y exclamó con voz susurrante:

-       “Papá ven a mi cuarto.”

Casi por automatismo seguí a mi pequeña sapiens de 2 años y 9 meses a su cuarto y me pidió que me siente en su cama. Al hacerlo, ella se subió presurosa y se arropó con su frazada. Antes de dormirse, miró la repisa y buscó algo por el cuarto a media luz.

La nena se durmió como si hubiera certeza de que algo estaba mejor que antes. Mientras, a mí me despertó el contra suelazo que me di al caer sobre el parquet de la alcoba. Ella continuaba durmiendo. Gracias a Dios no se despertó. Retorné a nuestra habitación para continuar en los brazos de Morfeo.

Al despertar mi hija, a las 8 de la mañana, se me acerca y me dice susurrante:

-       “Papá, en mi cama, debajo, hay un monstruo. Es el duende verde”.

-       “¿Si? ¿lo has visto?”

-       “Allí está.”

Nos dirigimos a su habitación y me despaché en el suelo buscando bajo su cama. No había ningún duende verde, ni una hoja, sólo una crayola azul.

-       “¿Qué te parece si llamamos al hombre araña?” (su héroe favorito)

-       “Si. Papá, tú eres la súper araña.”

-       “Gracias hija”… y le di un abrazo poderoso.

Al salir del trabajo le compraré un poster de Spiderman o, en su defecto, de Sportacus (su otro héroe favorito).

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