Hace algún tiempo, corro por la costa verde de Magdalena hacia Miraflores; tomando el pequeño camino que había a la altura de la bajada del Cuartel San Martín, donde me cruzaba permanentemente con caminantes, corredores y ciclistas.
Con los arreglos en las playas de San Miguel y Magdalena, que incluyeron una ciclovía, se vio incrementada la presencia no sólo de deportistas, sino de familias que salen a caminar por la zona.
Cuando empezaron las obras de la pista nueva de la bajada del Cuartel San Martín, recientemente inaugurada como el óvalo Los Delfines, los asiduos deportistas y caminantes aprovechábamos este tramo para cruzar hacia Miraflores, despidiéndonos del agradable y querido caminito que, suponíamos, sería reemplazado por la prolongación de la ciclovía de San Miguel y Magdalena.
Fue grande mi desilusión, cuando el domingo encontré la pista nueva señalizada y llena de carteles que decían “obra concluida” y por ningún lado la ciclovía que me había imaginado. Peor aún, el añorado caminito había sido destruido.
Mientras corría, me embargaba una gran tristeza y me preguntaba ¿qué pensaron los ingenieros, arquitectos y asesores de Alcaldes, del Ministro y del Presidente cuando empezaron la obra? ¿Quizá en detalles, como construir palcos con vistas espectaculares y cómodas butacas? ¿O estarían urgidos en terminar una obra más, para satisfacer algún “ego colosal”?
Me preguntaba también si en algún momento pensaron en aquellas personas de a pie, que buscamos hacer deporte con la satisfacción de sentir la brisa y el sonido del mar. Quizá tengamos autoridades antideportivas, que nunca necesitaron una ciclovía, salvo cuando trataron de correr para ayudar a una candidata en la ruta del Tren eléctrico. ¿Qué podrían saber de cultura deportiva?
Cuidado, el peligro para las personas, deportistas o no, que circulamos por esta zona, se ha incrementado.
Cuando me percaté de la distancia que había transcurrido corriendo, sentí la satisfacción de haber alcanzado casi los diez kilómetros que solía correr hacía tiempo, hasta aquel domingo de marzo del año pasado, cuando un chofer ebrio me embistió en la misma bajada.
Martha Saldívar
1 comentario:
Conociendo a Jesús, como me lo presentaron, creo que hubiera preferido que toda la plata (QUE NO ES POCA)que se ha invertido en el corcovadinho chorrillano para que no se olviden de Alan, se hubiera invertido en espacios y vías seguras para hacer deporte. Hubiera sido más saludable y respetuoso que esa absurda inversión del morro.
Publicar un comentario