La palabra psiquiatría tiene su origen en la raíz psique: alma. Si bien es cierto que los autores no llegan a un acuerdo sobre el alcance de la palabra alma, sí reconocemos que ella significa algo más que intelecto o razón.
Fue Freud quien dio un giro al concepto, al descubrir que no era la razón la que determinaba la conducta humana, sino principalmente las fuerzas irracionales, sin lógica y desconocidas para el propio individuo. Estas fuerzas eran las de los afectos.
Es la afectividad la que se considera fundamental en la conducta humana normal y patológica y es a ella a la que se dirige la psiquiatría moderna. Hoy en día, los trastornos del afecto están muy en boga, en todo el ciclo vital: en la niñez, la adolescencia y la adultez. La hiperactividad pareciera ser “el mal de este siglo” y aparecen muy frecuentemente relacionados a los pacientes los términos “stress”, "competitividad" y "búsqueda de la eficiencia". Todos ellos se presentan como la espada de Damocles.
Si bien es cierto que, a partir de mediados del siglo XIX, la aparición de los primeros psicofármacos marcó un cambio y dio inicio a un gran desarrollo, se ha ido obteniendo cada vez mayor excelencia, a punto que los medicamentos de última generación tienen ahora menos efectos secundarios y se usan en menor cantidad. Paralelamente, se ha ido desarrollando una alta tecnología con mayor precisión, que nos brinda un Diagnóstico más certero, por lo cual, a la última década del siglo pasado (1990) se le denominó “Década del Cerebro”. Se sumó, además, la investigación -numerosa en cantidad y excelente en calidad- que constituyó un verdadero regalo para los profesionales de las Ciencias de la Salud.
La Psicoterapia actual, nacida del Psicoanálisis, es una psicoterapia de la Afectividad. Se basa en el fenómeno de la relación emocional del médico con el paciente; y, el manejo de esa relación emocional (empatía – alianza terapéutica) es un arma poderosa e importante que cuenta con muchas y diferentes técnicas.
Por caminos paralelos, las manifestaciones culturales de hoy han ido tomando cada vez más en cuenta la afectividad. Así, de considerar sólo a LA RAZON como aquello que nos daba la categoría de humanos, se ha dado un giro para poner énfasis a lo irracional por excelencia: LA EMOCIÓN, lo que el enfermo “SIENTE”, su reacción emocional antes que su comprensión intelectual, tomando en cuenta más los sentimientos que las ideas.
¿Qué significa eso? ¿es que nos estamos deshumanizando? ¿es el vínculo lo que nos da vida? ¿Qué calmará las ansiedades y angustias de este siglo? Muchas preguntas, muchas palabras que hemos ido asociando con emociones y ante las que reaccionamos con emociones... Quienes hemos tenido la oportunidad de presenciar estos cambios del medio siglo anterior, vemos la importancia de tomar en cuenta el viraje en la concepción de aquello que nos da la condición de seres humanos. Esto nos lleva, necesariamente, a la búsqueda de un encuentro terapéutico integral, como un compromiso recíproco y eficaz.
Dra. Amanda Castillo M.
Médico Psiquiatra - Psicoterapeuta

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