viernes, 1 de marzo de 2013

20/05/2011 De “K” a “O” y retorno

                                                                                                                 
  
Chiara Berlinzani

Psicoterapeuta
psicoanalitica afiliada
al CPPL

Revisión “libre fluctuante” de la propuesta bioniana desde la perspectiva del “Brahman” y del “Lògos”  
      
 
                                          “Soy el pensamiento que ha encontrado un pensador. Quién eres tú?”
                                                                                                                       (Wilfred R. Bion)

“Yo, yo mismo,
desde no sé cuándo,
fragmentos de nubes cediendo a la invitación del viento…
yo nunca he cesado de nutrir pensamientos vagabundos…”
(Matsuo Bashô, poeta Zen del siglo XVII)


PREÁMBULO

IDA Y VUELTA A UN NUEVO PUNTO DE PARTIDA
__________________________________________

“También los pensamientos
caen a veces inmaduros
del árbol…”
(Ludwig Wittgenstein,
Tractatus Logico-Philosophicus, 1921)

“Nunca vas a descubrir nuevos océanos
mientras tengas miedo
de alejarte de la costa.”
(Marina Müller, Descubrir el camino, 2004)

“Lo del origen es un proceso complejo
y diacrónico,
es la fuente de la cual brota
o que se halla en génesis perpetua
y que nunca termina de originarse.”
(Salvatore Agresta 2005)

Al aplicarnos a la lectura de Bion, lo primero que nos llamó la atención fue la extraordinaria analogía que nos pareció vislumbrar entre ciertos aspectos de su propuesta teórica y algunos conceptos metafísicos premodernos (diríamos casi  “preclásicos”) pertenecientes al patrimonio universal de la humanidad.

Nos referimos en particular a las concepciones procedentes de la cosmovisión y de la practica espiritual orientales (especialmente hinduistas y budistas), por un lado, y por otro a algunos cánones del pensamiento presocrático griego (esencialmente los planteamientos heracliteos, sucesivamente confluidos en las teorías de filósofos modernos y posmodernos de la trayectoria de Schopenhauer, Nietzsche, Wittgenstein, Deleuze…).

Para no contaminar demasiado el campo con pseudoconocimientos previos, y poder aproximarnos a Bion más bionianamente, es decir, "sin pensamientos ya pensados", no quisimos profundizar ni averiguar en ese momento la validez de aquellas supuestas convergencias  -que sin embargo continuaron insistentemente a rodear nuestras mentes, “fluctuando libremente” alrededor de nuestros intentos de comprensión (siempre in fieri…) del modelo bioniano.

A la hora de tener que elegir un tema de profundización, finalmente, no pudimos sino dejarnos llevar por la urgencia que, derrotando nuestra ya tan agotada oposición, se impuso frente a nuestra disposición expectante, infiltrándola repetidamente con incursiones insolentes e indisciplinadas que, gracias al inter-tiempo dinámico y preconsciente del procesamiento, se habían reconvertido en intuiciones “salvajes”.

Nos “dejamos llevar” – efectivamente, atrevidamente – por aquellas intuiciones errantes sin ninguna intención predeterminada, sin ninguna sobre-exigencia de estructuración cartesiana, abiertos a la exploración de un territorio que se nos iba anunciando bastante más desconocido de lo que nos hubiera gustado admitir al principio…

Nos instalamos entonces “en la dispersión” con una disposición disciplinadamente expectante, observando si, desde esta “penumbra de asociaciones”, la aparición de algún pensamiento “no domesticado” nos iba a permitir desarrollar un “campo” al cual, sucesivamente, intentar atribuir algún sentido.

Cuando nos pareció que de alguna manera se había logrado brindar suficiente espacio, forma y voz a lo amorfo que desde su lugar no identificado empujaba para salir, para organizarse y convertirse de ß en ∂, recién empezamos a ordenar las ideas en un discurso más estructurado – si bien siempre intrínsecamente provisional. Y de pronto nos pareció que nuestras premisas, de lo confuso e informe que eran, habían inasequiblemente adquirido una nueva claridad y consistencia.

Las sutiles interferencias que nos parecían habitar algunos conceptos bionianos (como los de “sin memoria y sin deseo”, de “oscilaciones                Ps<—>D”, de “terror sin nombre”, de “cambio catastrófico”, de “rêverie”, de “acto de fe”, entre otros) nos remitían más claramente ahora a la matriz precristiana del pensamiento humanista, cuando casi simultáneamente se difundían en el mundo conocido las ideas presocráticas y las metafísicas asiáticas de matriz budista e hinduista.

Tras haber intentado desarrollar nuestra exploración desde una “actitud de no-vértice”, entonces, con un crescendo estático de furor creandi, a la hora de concluir la presente redacción decidimos averiguar – casi de paso – la existencia de una eventual bibliografía sobre lo que nos había parecido
“nuestro” tema exclusivo.

Fue así que descubrimos (con una pizca de desconcierto, algo de vanidosa confirmación y una no menos intensa contrariedad) que no éramos ni los únicos, ni menos aún los primeros en haber pensado los pensamientos que nos ilusionábamos – tan ingenuamente y tan presuntuosamente – haber bionianamente “encontrado”…


Lo que sigue es entonces el resultado de una ida y vuelta hacia (y de) aquel espacio intermedio y aterrador que, si bien tan confusamente, configura la frontera entre lo supuestamente conocido y lo totalmente inexplorado: una
“barrera de contacto” que consiente el encuentro y el desencuentro con los pensamientos a la espera de un pensador – y sus infinitas, torturadas reformulaciones.

Por su propia génesis, el presente trabajo (que no entiende disimular sus limitaciones intrínsecas) no tiene otra ambición que la de ilustrar cómo una intuición dispersa, con aspiraciones entusiasmadamente explorativas, haya terminado inscribiéndose en un marco de investigaciones que desconocía, que la preceden y que finalmente la trascienden.

Nunca dejaremos de explorar
y el fin de toda nuestra exploración
será llegar al punto de partida
y reconocerlo por primera vez.
(T.S. Eliot 1943)


Advertencia
Por exigencias de brevedad, daremos por sentado el conocimiento tanto de los principales conceptos bionianos como de las referencias filosóficas y teológicas utilizadas en nuestra sintética exposición. Asimismo, debido a la naturaleza intrínseca del presente trabajo, limitaremos nuestra revisión al ámbito del pensamiento indiano, reservándonos ilustrar más exhaustivamente en una futura oportunidad las escasas referencias presocráticas.


1.    EL “MISTICISMO CIENTÍFICO” DE BION
____________________________________

“Lo que la oruga interpreta como
el fin del mundo
es lo que el maestro denomina
mariposa”
(Aforisma budista de área Zen)

“Las ideas no son de nadie.
Andan volando por ahí,
como los ángeles”
(Gabriel García Márquez,
Del amor y otros demonios, 1994)

“Aun el hombre más razonable tiene
necesidad de volver a la Naturaleza,
es decir, a su relación fundamental
ilógica con todas las cosas.”
(Friedrich Wilhelm Nietzsche,
Humano, demasiado humano, 1878)

“Todas las teorías son legítimas
y ninguna tiene importancia.
Lo que importa es lo que se hace con ellas.”
(Jorge Luis Borges)

Según una antiquísima descripción budista de la metempsicosis, una vez que el nuevo ser se ha reencarnado en el útero de la futura madre, cada pequeña transformación alcanzada por su cuerpecito embrional produce en él terribles sufrimientos. Cuando sus miembros empujan para salir de la indiferenciación pandérmica, o sus huesos se extienden, o su corazón empieza a latir, el dolor se le vuelve tan intolerable que al momento del nacimiento es necesario que una poderosa amnesia expulse todo recuerdo de esta protoexperiencia intrauterina: por lo contrario, el grado de perturbación producido resultaría dramáticamente incompatible con la sobrevivencia.

De acuerdo a la mencionada figura de la tradición budista (que a las mentes psicoanalíticamente orientadas no puede sino evocar el modelo económico del funcionamiento psíquico planteado por Freud, así como su idea de la necesidad de una – algo oscura – “represión primaria” del trauma del nacimiento), y a la luz de las propuestas tanto freudiana como bioniana, cada minúscula modificación del statu quo somatopsíquico tendría el poder de derribar “catastróficamente” la homeostasis anterior, sin siquiera aportar la más mínima garantía que el sujeto logre un sucesivo estado de evolución.[i]

Elegimos esta imagen no tan sólo por su plástica sugerencia, sino también por su procedencia de aquella misma cultura asiática que debía infiltrar capilarmente el protopsiquismo del anglo-indiano Wilfred Bion, inmerso desde su nacimiento en la metafísica filosófico-religiosa de matriz hindú. Las raíces culturales primordiales de este milenario pensamiento debían haber brotado tácitamente en las profundidades del inconsciente de Bion, grabando en él las huellas de un antiquísimo imprinting, confluido en sus especulaciones sucesivas.

Refiere Perthenope Bion que en su padre “existía seguramente un nivel, una estratificación de conocimiento de un idioma indoeuropeo que se había vuelto completamente inconsciente”.[ii]

Efectivamente, Bion había nacido en la antigua Mathura, ciudad sagrada de la India, una región del mundo en donde se cree que el verdadero conocimiento no puede ser alcanzado vía procesos racionales, ya que más bien la razón despista y satura la posibilidad de conocer.

Según las tradiciones hinduistas y budistas, en efecto, podemos acercarnos a la “verdadera realidad” sólo distanciándonos del estado habitual de atención a los estímulos y a los sentidos, sumergiéndonos en una dimensión meditativa y contemplativa de la mente más cercana al estado onírico. Contrariamente al Oriente y salvo raras excepciones (dentro de las cuales se ubica desde luego el fundador del psicoanálisis), el Occidente ha ignorado o menospreciado esta potencia heurística de la dimensión onírica, privilegiándole el estado de vigilia.

Cabe resaltar que, tanto en la concepción indiana como en la griega antigua, el mundo fenoménico se caracteriza por su “irrealidad trascendente”.

Desde una óptica oriental, los órganos de sentido – principal sustento de la realidad en la perspectiva occidental – son más bien considerados como fuentes de error e “ilusión cósmica”, como bien ilustró Schopenhauer al adoptar el concepto sanscrito de “Māyā” (extraordinariamente acorde al planteamiento platónico de la naturaleza ilusoria de la realidad fenomenológica, más conocido como la “alegoría de la caverna”…).[iii]

La “verdadera realidad”, según las metafísicas hindú y presocrática, se ubica más allá de las percepciones engañadoras del Yo y es asequible tan sólo a través de la intuición y la contemplación que permiten una experiencia inmediata del “Brahman”[iv] (en ámbito hindú) o del “Lògos”[v] (en la formulación presocrática).

Esta “experiencia inmediata del Brahman”, tan familiar a los místicos de todas los horizontes, es lo que los yogin consiguen practicando la meditación: un estado de conciencia sin pensamientos, de “presencia sustancial”, de inmanencia despierta, de permanencia en la “vacuidad”.

“Un estar presente aquí y ahora, siendo agudamente consciente de lo
que es, sin aniquilar la mente pero tampoco sin dejarla desfrenadamente
ir” (Chögyam Trungpa 1968).

En un trabajo de 1997, los italianos Giampà y Fiorespino citan al maestro de meditación oriental Krishnamurti, contemporáneo de Bion, quien en su Diario, escribe:

“La verdadera naturaleza del pensamiento es fragmentaria, y por ende
este vive en un mundo fragmentario, de división y conflicto. El
conocimiento también es fragmentario, y si bien pueda ir acumulándose,
capa tras capa, sigue permaneciendo fragmentario, fragmentado. El
pensamiento puede lograr una cosa llamada integridad, que sin
embargo sigue siendo un fragmento. […] La meditación es el vaciamiento
del contenido de la conciencia. […] Cuando habrás alcanzado este
sentido de la totalidad, recién podrás conectarte con el universo…”[vi]

En términos más psicoanalíticos, esta dilatación a-sensorial de la conciencia podría definirse como una “visión binocular que posibilita un vértice simultáneamente consciente e inconsciente”,[vii] en aquella “suspensión de memoria, deseo y comprensión” que Bion consideraba fundamental en la práctica analítica, posibilitando aquel estado mental insaturo, dream-like, que permite acercarse por instantes a “O”.[viii]

En la misma línea, la orientalista italiana Grazia Marchianò (1984) escribe:

“Consideramos que cuando Bion dice que el pensamiento no necesita que
nadie lo piense, está implícitamente refiriéndose a aquella parte de la
cultura indiana que busca la perfecta concentración y el in-centramiento
de la atención (samādhi)”.[ix]

Para poder experimentar “O”, o llegar a “ser Brahman” – plantea el psicoanalista italiano Mario Giampà en Pensare il tempo con Bion (2007) – “hay que eliminar o disminuir la atención, la anotación, la conservación de los resultados de la atención, el desarrollo del pensamiento verbal”. Entrenando la mente a una “disciplinada negación de la memoria y del deseo”, tanto para los psicoanalistas como para los ascetas es posible alcanzar la “experiencia de ser en O”, de “devenir O”: permaneciendo “en un ‘tiempo mental’ que posiblemente Bion consideraba de origen acuático (to my fish-like origin)”.

Se pregunta muy sugestivamente Giampà: “Devenir ‘O’ ¿es también escuchar los ‘ecos’ de los mensajes enviados por nuestras ‘branquias’ a nuestra mente consciente?”.[x]

Según este autor, “O” correspondería a lo que el maestro hinduista Sankara (VIII siglo d.C.) definía “el cuarto estado” de la conciencia, lo que sigue el sueño profundo:

“El estado de la memoria del vacío de la escena mental constatada en
aquel momento; se podría definir como un sueño lucido, es decir una
ausencia de representaciones”.

Asimismo, recalca Giampà, la dream-like memory correspondería a la que Sankara define “experiencia vigile entera”: un estado en que, de acuerdo al presocrático Parmenides, coexisten pasado, presente y futuro…

Ahora bien: como enfatiza la psicoterapeuta jungiana Virginia Salles (2003), en la cultura occidental estos “estados no ordinarios de conciencia” suscitan difidencia y rechazo, ya que facilitan la irrupción de los aspectos irracionales” y por ende “incontrolables” de la mente. No sorprende entonces, con
Zimerman (2004), que la propuesta bioniana “no memory, no desire, no comprehension” haya sido “la más discutida y discutible del establishment psicoanalítico”.

Sin embargo, esta actitud de desapego – tan profundamente extraña a la tradición filosófica occidental – en la última década ha sido objeto de numerosas investigaciones neurofisiológicas que han demostrado cómo, en el estado de samādhi (el “éxtasis”, que según el pensamiento místico hindú permite alcanzar la identificación del alma con el Brahman), la privación sensorial, selectiva o total (implícita en el concepto de śunyātā, “vacuidad”, del budismo tibetano Mahāyāna), puede permitir la “salida del tiempo psicológico”, liberando por lo tanto “infinitas memorias emocionales personales y/o colectivas” a través de la anulación del espacio circunstante.[xi]

Asimismo (citando otro reciente estudio italiano), veinte siglos después de la composición del Bhagavad gita, el neurólogo, y premio Nobel, Gerald Edelman afirma:

“Cuando funciona bajo la modalidad del pensamiento puro, el
individuo se halla tan inmergido en un especial estado de
concentración […] que resulta casi abstracto – es decir, inconsciente
del tiempo, del espacio, de sí mismo y de su propia experiencia
perceptiva. Usando una metáfora para exprimir el grado de
alejamiento de la conciencia de otras actividades mentales paralelas,
se podría decir que, al alcanzar tales niveles de abstracción y de
significado, el pensamiento no está en ningún lugar…”.[xii]

La consecución de este estado agudamente receptivo puede “transformar la experiencia mística en una experiencia cognitiva que opera a niveles de conocimientos inusuales” (Franco Filho 2007).[xiii]

Como recalca Ancona (1999), se trata de superar la cultura positivista para alcanzar un “conocimiento pluridimensional” donde “desaparece la distinción entre lo observado y el observador, donde lo que percibe modifica lo percibido y viceversa”.

Precisamente en este contexto se inscribe la “mística laica” de Bion, totalmente “correspondiente a la de la éxtasis religiosa”. En ambos casos, concluye Ancona, “se necesita ‘un acto de Fe’: científica en la labor psicoanalítica, religiosa en el ámbito de lo sagrado”.[xiv]

Es sustancialmente a través del descubrimiento y del uso de la disciplina del “acto de Fe” – en esta organización de un estado mental en el que la experiencia de “O” se hace posible abriendo las puertas a una expansión del pensamiento que admite siempre nuevas reformulaciones - que, como plantean Giampà y Fiorespino (1997), “Bion inventa un nuevo psicoanálisis”.[xv]



2. DESDE OTRO VÉRTICE:
EL DOLOR DE PENSAR EL DOLOR DEL MUNDO
_________________________________________

“Cada devenir, cada crecer,
implica en sí mismo el dolor”
(Friedrick Wilhelm Nietzsche,
El crepúsculo de los ídolos, 1889)

“En el mismo río entramos y no entramos,
pues somos y no somos [los mismos].”
(Heráclito de Efeso,
en Diels-Kranz, Fragmente der Vorsokratiker,
22 B12)

“Las palabras más silenciosas
son las que traen la tempestad.”
(Friedrich Wilhelm Nietzsche,
Así habló Zaratustra, 1883-1885)

“Lorsque tu affirmes,
tu interroges encore.”
(Maurice Blanchot,
L'Attente, l'Oubli, 1961)

Ahora bien: la idea inicial de un dolor implícito en el mundo, de un sufrimiento consustancial a la vida e intrínsecamente imbricado en toda metamorfosis, en toda transformación, no raiga sólo en la cosmovisión de matriz budista sino que habita también el pensamiento griego antiguo, substrato profundo de la cultura occidental.[xvi]

Como afirmaba el “pesimista” Schopenhauer (un filósofo cuyas especulaciones habían sido profundamente influenciadas por las tradiciones asiática y presocrática), “la vida humana es como un péndulo que oscila incesantemente entre el aburrimiento y el dolor, con intervalos fugaces e ilusorios de placer y de alegría”.

Es más: se podría afirmar que toda la lección del Novecientos, formulando la idea posmoderna de un mundo que no está teleológicamente organizado y por ende se halla ineluctablemente infiltrado por el dolor,[xvii] contiene tanto la noción del panta rei (“todo fluye”) heracliteo como la de las “Cuatros Nobles
Verdades”[xviii] del budismo tibetano Mahāyāna.

Y si por un lado las especulaciones de Bion tienen mucho que ver con este problema central en la filosofía del siglo XX, así como con la redefinición del concepto de racionalidad (revisitado a la luz de los desarrollos de la matemática y de la lógica), por el otro no subestiman la enorme influencia epistemológica de las formulaciones místicas asiáticas.

En tanto pensador no sistemático, “insaturo”, dotado de intuiciones vertiginosas, Bion discierne la incongruidad del conocimiento respecto a la trascendencia de la Verdad (Vegetti Finzi 1987) y, convencido de la insuficiencia del modo ordinario de pensar, propone un nuevo tipo de lógica.

En su rigurosa reformulación de la epistemología psicoanalítica, procede pues a la progresiva erosión del paradigma metapsicológico clásico, reelaborando en modo exponencial lo que éste contenía de implícito.

En este sentido, Bion opera una revisión radical del concepto freudiano de pensamiento, que era considerado por el psicoanálisis clásico, entre otro, como el medium para proteger el aparato psíquico de las inundaciones sensoriales y reconstituir la homeostasis previa a la irrupción de un estimulo perturbador interno o externo.

Desde la óptica que estamos explorando, esta concepción freudiana remitía a una necesidad metafísica de ordenar el Caos primigenio (en su connotación tanto ontológica como filogenética) y par là même hacer viable el universo.

Siguiendo esta línea, el dolor caracterizaría y acompañaría toda ruptura del statu quo – ruptura en cuya brecha se infiltra la desorganización, la pérdida de sentido, el vacío aterrador, la tentación tanática, la amenaza psicótica...

Por su parte, parafraseando a Franco Filho (2007), Bion considera que el elemento fenomenológico que aproxima la experiencia psicoanalítica a la experiencia mística es precisamente esta turbulencia que se manifiesta con sensaciones de aniquilación, pánico, fragmentación.

Al confrontarse consigo misma y con “O”, la mente humana colapsa inundándose de innombrable terror, ya que el encuentro con “O” no se da en la armonía del Nirvāna,[xix] sino más bien vía una catastrófica vivencia de “fin del mundo”.

En esta área de contacto con “O", con la Verdad, se desencadenan procesos muy cercanos a la experiencia de la psicosis, produciéndose espirales de sensaciones que arrastran el Self hacia el vacío, el vértigo, lo informe y lo desconocido…

En tanto matrices arcaicas de la función ∂, los elementos ß son
rudimentarios precursores del contenido mental en búsqueda de un
continente trasformativo: una experiencia simbólica auditiva y rítmica
inaugurada en la vida intrauterina (Meltzer-Harris 1989) y por ende origen
posible tanto de la psicosis como de la mística (Ancona 1999).

Sin embargo, a través de esta misma fisura ontológica puede filtrar lo que Freud llamaba el “sentimiento oceánico”, Jung la “experiencia de lo sagrado”, los hindú la “intuición inmediata del Brahman”, Heráclito la “conciencia del Lògos” – y Bion la integración, la transformación en K, la experiencia en “O”...

Siguiendo la propuesta freudiana de considerar el “sentimiento oceánico” como apoteosis de la experiencia mística, se podría afirmar, con Gerder (1999) que, al crear la expresión “sin memoria, sin deseo”, Bion llevó hasta sus extremas consecuencias la noción freudiana de “atención fluctuante”. (A este propósito, vale recordar, con Franco Filho 2007 la recomendación expresada por el mismo Freud en una carta a Lou Andreas-Salomé: “Tenemos que cegarnos artificialmente hasta vislumbrar una luz en la oscuridad”.)

Aclara Parthenope Bion (Bion Talamo 1996): “The experience of facing up this inner darkness and chaos, to put it very briefly, is exactly what Bion mean by the idea of contemplation of the paranoid-schizoid position, without memory, desire or immediate comprehension”.

¿Cómo no coincidir entonces con Giampà (1997) cuando afirma que tanto el “no memory…” como el concepto de “rêverie” están infiltrados de orientalismo?[xx]

Por otro lado, es precisamente en esta oscilación Ps<—>D entre estados de dispersión y de integración, Ser y No-Ser, Eros y Tánatos, vida y muerte, Ying e Yang, Samsāra y Nirvāna, que se ubica ese “Devenir” considerado por Heráclito como el arquetipo universal: el perpetuo cambio, un Ser en movimiento que se transforma y se regenera en una continua mutación.[xxi]

Tanto en el modelo bioniano como en el panta rei heracliteo los opuestos no se contradicen sino que forman una unidad dinámica ordenada por el Lògos (función ∂).

Es más: en la concepción heraclitea, la transformación universal se cumple en dos etapas que se suceden cíclicamente – una descendente por contracción o condensación (¿Ps?), y otra ascendente por dilatación (¿D?).

En términos hindú: sólo el efectuar esta transición desde el registro del Sasāra[xxii] (como hemos visto, el de la dispersión, del universo ß) al registro del Nirvāna (el de la integración, de la función ∂) aceptando el desafío del “cambio catastrófico”, permite acercarse a la experiencia de identidad con lo Absoluto (K – O, según la formula bioniana).


3.    CONCLUSIONES: “LA VERDAD ES UNA”
_____________________________________

“La réponse
est le malheur de la question.“
(Maurice Blanchot, L’entretien infini, 1969, cité par
Green, A., Lettre ouverte, 1989)

Gracias a su reformulación científica de aquella mística oriental que se hallaba profundamente inscrita en sus huellas mnémicas, Bion ha logrado realizar una síntesis metafísica que lo consagra hoy como un demiurgo revolucionario e iconoclasta.

Dejándose oscilar entre los diferentes niveles de su propio “aparato para pensar los pensamientos”, consiguió integrar dos concepciones del mundo aparentemente inconciliables en un único modelo de la mente, asombrosamente novedoso y, a la vez, resurgido desde las profundidades olvidadas de la heurística de la Antigüedad y, en definitiva, de la historia espiritual del Hombre.

Comenta el indólogo francés Alain Daniélou (citado en Giampà 1997): “La Verdad es una. No existe algo como una sabiduría occidental y una oriental, una ciencia que se opone a la religión: éstas no son sino formas distintas de la misma búsqueda”.

Después de todo, y coincidiendo con lo psicoanalista brasileño Franco Filho (2007), “el psicoanálisis no pretende ser una respuesta, sino más bien una pregunta. Sostenerse en el silencio, en la cesura de una pregunta aún sin respuesta, supone un acto de fe y de tolerancia fundamental. En este vértice, se acercan los psicoanalistas, los místicos, los poetas y los científicos en general”.[xxiii]


NOTAS


[i] Como si en el cambio, en todo tipo de cambio, la “pulsión de muerte”, intensificándose frente al desorden inducido por la transformación, estallara, produciendo infiltraciones masivas de una angustia (previa al encuentro con el objeto) tan impensable y primaria que no puede ser mayormente conceptualizada…

[ii]  … y que le permitía recitar antiguas canciones de cuna hindú, completamente “olvidadas”, sin el menor acento inglés… (Bion Talamo 1997. Traducción castellana nuestra).

[iii] Platón, La República, Libro VII, IV siglo A. J.C.

[iv] Muy sintéticamente, el de “Brahman” es un concepto sánscrito que hace referencia a la deidad absoluta védica, brahmánica e hinduista. Si bien etimológicamente el término signifique “expansión”, en las Upanisad es utilizado como sinónimo de “Absoluto”: la esencia de todo, lo que es, que transciende a todo, que es inmanente y causa eficiente del cosmos. En este último sentido lo utilizamos en el presente trabajo.

[v] Nos parece interesante subrayar la polisemia del sustantivo griego Lògos, ya que podría resultar iluminante en sí… Para explicarnos: en su primera significación, “Lògos” es la ley que rige el universo, su principio unificador. En segundo lugar, “Lògos” es el equivalente del término latín ratio: la razón, el intelecto humano – que explica y comprende la ley universal. Finalmente, “Lògos” significa también “palabra”, “discurso”, “verbo”. Parafraseando el concepto, y valga el juego de palabras: si el Lògos (intelecto) comprende el Lògos (la ley universal) y lo explica a través del Lògos (la palabra), la talking cure sería por antonomasia la vía más adecuada para el restablecimiento de la “armonía”...

[vi] Giampà, M., Fiorespino, F., Tra Oriente ed Occidente: "Assenza di memoria e desiderio" e controtransfert, 1997.

[vii] Meltzer, D., El significado clínico de la obra de Bion, in Desarrollo kleiniano, vol. III, 1990.

[viii] Giampà, M., Bion e il pensiero filosofico indiano, in “Attualità in Psicologia, trimestrale in studi ed esperienze in psicologia, psichiatria e neuropsichiatria”, vol. 19, n. 3-4, 2004.
Giampà, M., La sconvolgente esperienza dell'incontro con Bion, in AA.VV., Verità e evoluzione in "O" nell'opera di Bion, “Funzione Gamma Journal”, 19, 2007.
Giampà, M., Pensare il tempo con Bion, in AA.VV., Pensabile e impensabile in alcuni concetti di Bion, “Funzione Gamma Journal”, 20, 2007.

[ix] “Riteniamo che quando Bion dice che il pensiero non ha bisogno di nessuno che lo pensi, esprima in sé quella parte della cultura indiana che ricerca il perfetto raccoglimento e l'in-centramento” dell’attenzione (samādhi)” (traducción en castellano nuestra).

[x] Giampà, M., Pensare il tempo con Bion, cit.

[xi] “Ricerche di neurofisiologia hanno dimostrato che la privazione sensoriale, selettiva o totale, o la ripetitività possono permettere l'uscita dal tempo psicologico e pertanto liberano infinite memorie emotive personali e/o collettive con l'annullamento della percezione dello spazio circostante” (Giampà 2007. Traducción en castellano nuestra).

[xii] Grazia Shogen Marchianò Zolla, esposa del destacado teórico de las religiones Elémire Zolla, citada en Giampà y Fiorespino (1997): “Nella modalità del pensiero puro, l’individuo è così immerso in un particolare stato di concentrazione, inerente al progetto di pensiero in
corso, da risultare ‘astratto’ - inconsapevole del tempo, dello spazio, di sé e della propria esperienza percettiva. Si può dire che, quando persegue questi livelli di astrazione e di significato, ‘il pensiero non è in alcun luogo’; ma questo è soltanto una metafora per esprimere il grado di allontanamento dell’individuo dalla consapevolezza di altre, parallele, attività della mente” (Traducción en castellano nuestra).

[xiii] Franco Filho, O. de M., L'esperienza dei mistici e quella della psicoanalisi dal vertice di Bion, trad. it. di Giampà, M., in AA.VV., Verità e evoluzione in "O" nell'opera di Bion, “Funzione Gamma Journal”, 19, 2007.

[xiv] Reproducimos integralmente los párrafos a los que nos referimos: “Per comprendere adeguatamente questa trasformazione occorre tuttavia una propedeutica del pensiero, che parte dalla necessità di oltrepassare la "conoscenza a impianto" che è quella tradizionale,
illuministica, categoriale, basata sul principio post hoc erga propter hoc ad una conoscenza ad essa antinomica: quella "a reticolo", dimensionale, anzi pluri-dimensionale, dove post hoc, erga ante hoc. Una conoscenza dove scompare la distinzione fra oggetto osservato e
osservatore, dove il percipiente modifica il percepito e viceversa e dove la relatività, non l'assiomaticità, la verosimiglianza e non la verità costituiscono il codice del conoscere. […] È in questa particolare e intensa dinamica, teorica e clinica, che come si è già sottolineato si
realizza compiutamente la “mistica” in cui Bion sta ed alla quale conduce: una mistica laica ma del tutto corrispondente a quella dell'estasi religiosa, alla quale può comunque fare da intelaiatura e da codice interpretativo. In ambedue i casi si richiede infatti un “atto di Fede”:
scientifica nel lavoro psicoanalitico, religiosa nel campo del sacro.” (Ancona, L., Complessità e gruppi, in “Gruppo, nella Clinica, nelle Istituzioni, nella Società”, 2, 33-50, 1999). (Traducción en castellano nuestra).

[xv] Giampà, M., Fiorespino, F., Tra Oriente ed Occidente: "Assenza di memoria e desiderio" e controtransfert, 1997.

[xvi] Cabe señalar de paso que en la misma etimología latina del sustantivo “dolor” se halla una raíz indoeuropea que reenvía a la acción de “seccionar”, “escindir”, “lacerar”, por lo cual el dolor se configuraría como el efecto de una laceración, de una ruptura – lo que cobra
relevancia a la hora de acercarse al concepto bioniano de “cambio catastrófico”...

[xvii] “La vida es, por su propia naturaleza, dolor: un dolor irredimible porque radicalmente despojado de razón y de sentido” escribía Nietzsche en El nacimiento de la tragedia...

[xviii] Muy sintéticamente, éstas son: la Verdad del dolor; la Verdad del origen del dolor; la Verdad de la cesación del dolor; la Verdad de la vía que conduce a la cesación del dolor.

[xix] En la tradición asiática (tanto hinduista como budista), el concepto de nirvāa reenvía efectivamente a la conciencia originaria de una mente primordialmente “no obscurada”. En los textos del budismo Mahāyāna (Sutra del Lotus etc.), en cambio, es un estado asociado con la “iluminación”, en lo cual todos los deseos se han extinguido. En la Bhagavad Gītā, en las Upaniad y en las escrituras Vedanta, “Nirvāa” es finalmente la condición procedente de la extinción del Yo en el “Brahman” (el principio infinito, trascendente e inmutable, pero inmanente en todos los seres). En ámbito psicoanalítico, Freud cogió este termino sánscrito (difundido en Occidente por Schopenhauer) de la psicoanalista inglesa Barbara Low, que lo define como una “tendencia a la reducción, a la constancia, a la supresión de la tensión de la
excitación interna”. Según Freud, el “principio de Nirvāa” se halla “enteramente al servicio de la pulsión de muerte” (S. Freud, 1920, 1924).

[xx] Speziale-Bagliacca (1984), por su parte, ha identificado en el pensamiento de Bion varias analogías con el budismo Zen y el taoísmo.

[xxi] El filosofo francés Gilles Deleuze comentaba que “el devenir único y eterno, la radical inconsistencia de todo lo real, como enseñaba Heráclito, es una idea terrible y perturbadora, emparentada inmediatamente en sus efectos con la sensación que experimentaría un hombre durante un temblor de tierra: la desconfianza en la firmeza del suelo. Permanentemente una cualidad se divorcia de sí misma y se constituye en cualidad opuesta; permanentemente estas dos cualidades contrarias se esfuerzan por unirse otra vez. […] De esta lucha de cualidades contrarias nace todo devenir…”.

[xxii] La realidad ilusoria y engañadora percibida a través de los órganos de sentidos e irremediablemente entrampada en el ciclo de nacimiento y reencarnaciones, es decir el devenir fenoménico, considerado como el origen del dolor.

[xxiii] Franco Filho, O. de M., L'esperienza dei mistici e quella della psicoanalisi dal vertice di Bion, op. cit. (Traducción en castellano nuestra).



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